domingo, 29 de diciembre de 2013

Breckenridge - Cecilia Maugeri


Te pedís te exijís
un espacio para el postre
un lugarcito
como si ese lugar
–ese cacho de estómago–
nunca hubiera sido
–no es–
más chico que el que ya ocupaste
sin pedir permiso
el estómago te grita
¡ya está!
no hay más
pero ves
lo dulce
ojos que saben que no puede ser:
eso no entra en el lugarcito que te queda
pero igual
siempre hay
un lugarcito más
el que te pesa cuando corrés
y sudás
y pensás que son un par de años de más
que no viviste
y ahora te pesan
muertos en el fondo de tu estómago
años que te comiste
años que devoraste
sin digerir
sin espacio libre
y así seguís
y no podés
correr
sin aire
sin sangre
porque te la chuparon
todos los mosquitos
porque tu sangre es dulce
porque siempre tenés espacio
porque sos voraz
y no podés parar
de consumir
y entonces
te consumen
la sangre
dulce
plateada
y entonces
te hundís
y tratás de buscar
la brújula
porque estás tan abajo
y creés que el norte es arriba
y lo apuntás
querés buscar
tu norte:
ahí está
la flecha que te marca
en el cuadrante
la dirección
como el reloj
que te marca el sentido como una aguja
que pincha
siempre para el mismo lado
marcando el ritmo
tictaqueante
ahí viene
la última porción de vida
que te vas a comer
dulcemente
una y otra vez
pero ya no
es
ya no está
porque no hay lugar
room
for
dessert
no hay espacio
vas a desertar
despacio
vas a consumir
–aunque no quieras–
tu vida
que ya no cabe
en el espacio que le dejás


You ask, you demand of yourself
to leave room for dessert
a little space
as if that place
–that corner of stomach–
had never been
–it’s not–
smaller than the space you already filled up
without asking permission
the stomach shouts at you
enough!
that’s it
but you see
what’s sweet
eyes know that it can’t be possible:
that won’t fit in the space that’s left
but then again
there’s always
a little more space
that weighs upon you when you run
and you sweat
and you think there are a couple of years more
that you didn’t live
and now they weigh upon you
dead in the bottom of your stomach
years you ate
years you devoured
without digesting
without room
and like this, you go on
and you can’t
run
without air
without blood
because they suck it from you
all the mosquitoes
because your blood is sweet
because you always have room
because you’re voracious
and you can’t stop
consuming
and then
they consume you
the blood
sweet
silver-coated
and then
you drown
and you try to look for
the compass
because you are so far down
and you think that north must be up
and you aim
you want to look for
your north:
there it is
the arrow that guides you
in the quadrant
the direction
like the clock
that guides your sense like a needle
that pricks
always in the same direction
beating the rhythm
tick-tocking
here it comes
the last portion of life
you’re going to eat
sweetly
once and again
but not anymore
it is
now it isn’t
because there isn’t room
room
for
dessert
there’s no space
you’re deserting
slowly
you are going to consume
–even if you don’t want to–
your life
that doesn’t fit
in the space you have left



Cecilia Maugeri, visitante / the visitor, Viajera, 2011.

viernes, 27 de diciembre de 2013

el calor fue rotundo - Natalia Monsegur





Sofia Minetto
el calor fue rotundo
implacable
me llevó de los tobillos
al centro mismo
atravesando arenas
granos maíz
me dejé arrastrar
como quien quiere conocer
sentir el ripio
y no me ahogué
las mejillas se llenan de sangre
(porque fue hermoso)







Baleares/ no vio el agujero y cayó, como Alicia cuando aprende los distintos tiempos. Cayó en una cueva desde donde se podía ver el mar. La fotografía instantánea del azul. Esperó a que el viento menguara y que llegara el príncipe del submundo invitándola a reinar.



Natalia Monsegur, Casa de Viaje, Viajera, 2010.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Viajera Inspira en el colegio - Mariano Lattner

Leonor Fini



Compro y vendo
miran y vendo
quieren y vendo
piden y vendo
navidad y vendo
reyes magos y vendo
hija ve y vendo
todos quieren lo que vendo
compro y vendo 
compro y vendo

Mariano Lattner 2º 2ª del Colegio Nacional de Buenos Aires


Texto producido a partir de la lectura de poemas de clin caja, de Anibal Ilguisonis.

martes, 24 de diciembre de 2013

Vamos a Córdoba - Eduardo Camisassa

Vamos a Córdoba

El Siam di Tella nunca taxi estaba listo para salir a la ruta a la nochecita. Se había controlado el agua y medido el aceite como Dios manda. El viaje desde Alvear hasta Córdoba era largo, habría que viajar toda la noche por unas rutas que nadie conocía pero estaban dibujadas en mapas, siempre cambiantes porque pavimentaban una nueva. La Argentina tuvo una vasta red de ferrocarriles antes de 1960 y había mucho que pavimentar. Los trenes convergían hacia Buenos Aires y el país desarticulado se había desarrollado hacia el exterior. Sólo había caminos de tierra para audaces que se atrevieran a transitarlos. Tal vez, cuando los audaces no fueran pocos, los giles se darían cuenta. A los mapas más nuevos había que pedirlos porque sólo los podían mirar los mayores. No había por qué preocuparse si nadie se iba a perder. Salvo que se despertara de repente en medio de la ruta 8 y escuchara pronunciar en inglés el nombre de algún pueblo.
–¿Dónde estamos?
–En Jiugs.
–No me suena ese lugar. Vamos mal por acá. Pará y preguntemos porque seguro que nos perdimos. Por Jiugs no teníamos que pasar.
–Sí que había que pasar para ir a Córdoba. Estamos en Hughes, cerca de la laguna Melincué al sur de Santa Fe. Se pronuncia Jiugs, me extraña vos que sos santafesina y decís que conocés tantos pueblos.
–Ahhh... si Jiugs es Hughes voy a seguir durmiendo.
No era cuestión de andar a más de 100, por varias razones era mejor ir despacio. Entre 80 y 90 kilómetros por hora era una velocidad crucero óptima para aquel autito de los sesenta. Había
que salir desde el centro de la provincia de Buenos Aires, cruzar Santa Fe por el sur y surcar media provincia de Córdoba para llegar a Villa María. Después de cruzar esa ciudad, se desembocaba en la ruta 9 para ir a Córdoba capital. Semejante trayecto tenía algunos caminos que eran de hormigón, pero de “media trocha”, como el de 25 de Mayo a Chivilcoy. Cuando se enfrentaban dos autos, una de las manos tenía preferencia y no se bajaba de la ruta. Pero cuando venía algún camión no había prioridad que valiera, el del auto tenía que hocicar y se bajaba del pavimento mientras el camión seguía campante por la media trocha pavimentada.
En Córdoba, la recompensa era juntarse con la familia. Allí vendrían los abuelos y vivía su hijo con la familia. Ese era un tío tío, no como los del afecto que eran muchos más y no tenían ningún parentesco sanguíneo que no fuera la tremenda circunstancia de compartir bote y tener que remar juntos.
Las Fiestas siempre dieron motivo para reunir a las familias; fueron las pausas de Navidad y Año Nuevo, seguidas de largas vacaciones de verano, fechas que se destinaban al reencuentro. Las reuniones pantagruélicas serían meras excusas, ya que los descendientes de piamonteses las usaban para comer como chanchos y tomar como camellos. Dejando los postes clavados, el autito manejado por el dentista avanzaba hacia Villa María.
–Uuuy, tío… me falta la plata de la billetera, me la afanaron
–dijo el nene que iba a Córdoba a quedarse en la casa de unos parientes y había aprovechado el viaje desde Alvear. El nene era Marito, el hijo de Mario, que esperaba que ese tío del afecto le
solucionara el problema del hurto.
–No puede ser que te falte nada en este auto. Buscá bien la plata, ¿estás seguro? Acá no puede haber pungas.
–En la billetera que me afanaron había cincuenta pesos que me regaló la abuela y ahora no los tengo. Yo no digo que haya pungas pero desapareció la billetera y la plata, cuando subí al
coche los tenía. Sin la billetera me arreglo, pero… ¿con qué voy a pasar estas vacaciones?
–¿Quién le va a sacar la plata a este pibe? No estará pensando que fue alguno de nosotros, ¿qué está diciendo?, ¿que se la afanamos? Está loco, no puede haber ladrones en este auto –dijo
el hijo del tío que, por haberse sentado junto a Marito, se perfilaba como autor de la tropelía del hurto.
Todos, excepto el nene, sabían que era víctima de una broma. En el asiento de atrás, le habían sacado los cincuenta pesos para hacerlo hablar un rato y después devolverle la plata. El billete de cincuenta era lo único que había en esa billetera, toda una esperanza para no sentirse desprotegido en tierra ajena. Se lo habían dado justo antes de subir al Siam di Tella y no podía estar
muy lejos ni en ninguna parte; habría que terminar rápido el chiste para que Marito no llorase.
–De aquí no se baja nadie, no puede ser que haya ladrones en este auto. Al que se quiera ir lo revisamos de cabo a rabo –dijo la tía postiza.
–Sí, tía, no puede haber ladrones acá –dijo el nene con la voz compungida buscando protección en algún mayor. Marito se estaba poniendo a llorar, aguantaba las lágrimas porque le habían
enseñado que “los hombres no lloran”.
–Es medio raro este robo, habrá que revisar a todos. A ver… allá está la billetera y acá hay un billete y es de cincuenta. Debe ser el que te faltaba, guardalo bien, vos perdés todo –dijo el hijo
del tío haciendo aparecer el botín. El episodio había terminado para evitar el llanto del nene.
El camino hasta Villa María estaba despejado siempre. Desde allí el tránsito se complicaba y la ruta 9 se hacía insoportablemente tediosa. En esos pocos kilómetros, hasta la capital de  Córdoba, cambiaba súbitamente la tonada e iba apareciendo, palmo a palmo, el más filoso humor cordobés lleno de ironía y plagado de “dequeísmos”. Acercarse a Córdoba era como haber empezado a leer la revista “Hortensia” que en Buenos Aires no se conseguía. En cualquier esquina alumbrada había
sapos para patear y “guasos” honrados por alegres borracheras.
Cuanto mayor era la tonada cordobesa más derecho tenían los “culiaos” al alcohol y la curda. En Oliva estaba el famoso manicomio donde reunían a los que presuntamente estaban “del
tomate”. Siguiendo siempre hacia el norte, la ruta pasaba por el medio de pueblos llenos de semáforos. Hasta llegar a destino para entrar por el sur, donde se empezaban a instalar las automotrices que harían más ricos a los ricos y más pobres a los demás.
Una vez en la ciudad, había que dejar al nene con la tía abuela enfrente de una iglesia doctoral. El dato geográfico no significaba mucho en una ciudad siempre llena de iglesias que dejan respirar ese aire colonial que tanto gusta. Mucha influencia de los curas y de otras razas, como la de los abogados, que no contentos con enseñar en Chuquisaca habían creado la primera
universidad. El dentista aprovechó para explicar que allí había estudiado y que Córdoba era cruzada por el río Primero. Había crecido muchísimo la ciudad y por eso él no conocía tanto.
–¿Por qué le dicen Docta?
–Aquí fundaron la primera universidad del país. Por eso le dicen “doctos” a los que tienen muchos conocimientos, gente instruida aunque sea a los tortazos.
–Docta suena a medialunas rellenas o a tortas negras. Debe ser por eso que estos tipos son entendidos a los tortazos.
–Si te escucharan los tíos se ofenden, ¿cómo se te ocurre decir que los doctos son los que entienden a los garrotazos? No empecés a decir pavadas, ya le robaste el billete al nene y casi
llora – aseguró el tío.
–Pero no lloró. Yo no creí que se las iba a aguantar el borrego.
–¿Cuándo te vas a portar como la gente?
–Papá, yo me quiero portar bien pero a veces no me sale. Casi nunca me sale.
–Ahora me acuerdo. Me contó tu tía lo que pasó el año pasado en Carnaval. Con una bombita de agua casi volteaste a un tipo en una moto y tuviste que refugiarte en sus polleras.
–Y sí, después de que lo bañé alguno me tenía que salvar y por suerte estaba ella. El tipo venía por la diagonal en una motito, le tiré el globazo de agua y lo empapé, se bajó y me
empezó a correr. Ahora me acuerdo que tenía un traje blanco pero yo no podía saber que iba a una iglesia a casarse. Me corrió hasta la puerta y cuando contó lo del casamiento la tía se reía. Lo hizo pasar a la casa y le prestó una toalla para que se secara. Tenés que tener en cuenta una cosa importante papá: fue uno de los mejores globazos que tiré en mi vida. Lo hice sopa.
–Todo el tiempo me estás haciendo renegar. ¿Cuándo me vas a dar tregua?, ¿vas a cambiar y te vas a portar bien? Sos un Judas, siempre hacés lío y te tienen que andar corriendo. Ya te pasó con Miriam, si no te salva tu madre Mahmoud todavía te está pegando. Sólo a un loco como vos se le puede ocurrir intimidarla y pegarle.
–Papá, no mezclés las cosas, con la Turquita fue distinto… Mahmoud, ¡qué nombre!, no me digas que te gusta. Ella no me hizo caso: yo le dije que entrara, que no estuviera en la puerta de
la tienda y le dí un plazo.
–¿Quién corno sos vos para decirle que entre y darle plazos? Ella está donde quiere. 
–Pero yo le dije que si se quedaba en la puerta de la tienda y no entraba le iba a pegar. Ya le había avisado y no me podía imaginar que el Turco estaba escondido y me iba a correr si le
pegaba. Por suerte me siguió como cincuenta metros y no me pudo alcanzar.
–Callate, callate que me hacés dar más bronca. No te puedo estar cascando a cada rato. Sé bueno, portate bien, pensá un poco lo que vas a hacer. Me tenés cansado y ya no sé cómo decirte las cosas y lo mal que te portás. Te pasás el día pensando en hacer travesuras estúpidas, una detrás de la otra, tu mente no descansa con tal de inventar la próxima.
–Papá, yo no soy el peor. Creo que me escuchaste: quiero portarme bien pero no puedo. No me sale.
–Ya sé que podrías ser peor. Prefiero no imaginarme.


Eduardo Camisassa, El fin de la siesta, Viajera, 2013.

lunes, 23 de diciembre de 2013

El orador, Alain Lawo-Sukam - Poesía en tres idiomas


Cristina Alejos Cañadas, El Baobab y la lluvia

El orador

Bangwa perdió un fiel orador, ilustre por su lengua de miel.
El ídolo de las mujeres se despidió llevando su secreto consigo.

Como mensajero divino, su vida era todo un mensaje.
Como digno servidor de su pueblo, el corazón humilde
llevaba las olas de la ternura a los confines de Bangwa.

Era artesano de hombres, hacedor de santos.
Sabio como la serpiente primitiva, indefenso como la paloma.

Una tarde de Navidad la muerte tocó a la puerta.
Se fue sin mujer, se retiró sin heredero.
De tanto cortejar, había olvidado casarse.
Nunca pensó en procrear.

¡Silencio! ¡Silencio! ¡Gran Silencio!

¡Shhh! ¡Shhh! ¡Shhh! ¡Shhh!

El pueblo perdió a su insigne hablador.
Se fugó de la tierra una biblioteca viva.

The orator

Bangwa lost a faithful orator, illustrious for his honey-tongue. 
The women’s idol bids farewell carrying his secret with him. 

As a divine messenger, his life was all a message. 
As a worthy servant of his people, the humble heart 
carried the waves of tenderness to the confines of Bangwa. 
He was an artisan of men, a maker of saints. 
Wise like the ancient snake, defenseless like the dove. 

Death knocked at his door a Christmas afternoon. 
He left wifeless, he bowed out heirless. 
For wooing too much he forgot to get married. 
He never thought of procreating. 

Silence! Silence! Big silence! 

Sht! Sht! Sht! Sht! 

The people lost a renowned talker. 
A living library escaped from earth.


L’orateur

Bangwa perdit un fidèle orateur, illustre pour sa langue de miel. 
L’idole des femmes tira sa révérence emportant son secret avec lui. 

Comme un divin messager, sa vie était tout un message. 
Comme un digne serviteur de son peuple, le coeur humble 
portait les vagues de la tendresse aux confins de Bangwa. 

Il était artisan des hommes, faiseur de saints 
sage comme le serpent primitif, sans défense comme la colombe. 

Un soir de Nativité la mort toqua à la porte. 
Il s’en alla sans femme, Il se retira sans héritier. 
Pour avoir tant fait la cour, Il avait oublié de se marier 
Il n’avait jamais pensé à procréer. 

Silence! Silence! Grand silence! 

Shhh! Shhh! Shhh! Shhh! 

Le peuple perdit un insigne bavard. 
Une bibliothèque vivante s’évada de la terre.


Alain Lawo-Sukam, Sueño con África / Dream of Africa / Reve d´Afrique, Viajera Editorial, 2013.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Esta Navidad, libros de Viajera



Conseguí los libros de Viajera en las siguientes librerías de Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Alamut - Borges 1985, Palermo

Aquilea - Corrientes 2008, Once

Caleidoscopio - Echeverría 3268, Belgrano

Clásica y Moderna - Callao 892, Recoleta.

Cobra - Aranguren 150, Caballito

Crack Up - Costa Rica 4767, Palermo

Dain Usina Cultural  - Nicaragua 4899, Palermo

Eterna Cadencia - Honduras 5574, Palermo

Fedro - Carlos Calvo 578, San Telmo

Gambito de Alfil - José Bonifacio 1402, Caballito

Gandalf - Av. Mosconi 3063, Villa Pueyrredón

Guadalquivir - Callao 1012, Recoleta

Hernández - Av. Corrientes 1436, Centro
Venta online: www.libreriahernandez.com

Internacional Argentina - Padilla 865, Palermo

La Libre - Bolívar 646, San Telmo

Librería Norte - Av. Las Heras 2225, Recoleta
Venta online: www.librerianorte.com.ar

Otra Lluvia Libros - Bulnes 640, Almagro

Prometeo - Honduras y Gurruchaga, Palermo Viejo

Purr - Santa Fe 2729, Barrio Norte

Santiago Arcos - Puán 481, Caballito

En la cadena de Librerías Cúspide en Argentina
Consulta de locales y venta online: www.cuspide.com.ar

En San Isidro

La Boutique del Libro - Chacabuco 459

En La Plata

Malisia-Estantería de Libros y Revistas - Calle 55 entre 4 y 5

En Rosario

Oliva Libros - Entre Ríos 579

En Córdoba Capital

Librería del Ciclista - Belgrano 891

En Santa Rosa, La Pampa

Farenheit - 9 de Julio 56

En Brooklyn, Nueva York

Mellow Pages Library - 56 Bogart St. 1S, Brooklyn 11206

sábado, 21 de diciembre de 2013

Viajera Inspira a los chicos - Ana Chuit





¡Alerta: piojos mutantes!

El estado de Rapunzelandia informa a sus habitantes una plaga de piojos peligrosos. A partir de que la hija de los reyes encontrada recientemente se hiciera un corte estilo Miley Cyrus, todos los piojos que vivían en ella se han disipado por todo el reino. Informamos que éstos son más fuertes que los comunes. De tanto pelo para divertirse y ejercitarse, se han hecho piojos con una capacidad intelectual mayor que los piojos comunes. Además son mucho más grandes y fuertes, capaces de generar muchos chichones. Esperamos que ante cualquier síntoma, como dolor de cabeza, caída de pelo, muchas ganas de rascarse, o ver a incluso a estos parásitos, se presenten en la corte real para un rapado total. Todo el pelo que se recaude será donado como alimento para los caballos reales. Esperamos la colaboración de cada uno de los habitantes, en caso de no hacer caso omiso a la idea de pelar su cabeza, incluso teniendo estos extraños piojos, será mandado de inmediato al calabozo.

Muy atentamente,


la Corte Real.


Ana Chuit (12 años).


Texto producido a partir de la lectura de "Ayudemos a los sapos", de Nicolás Di Candia, incluído en Léame.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Viajera Inspira a los chicos - Giuliana Aprea


Katerina Plotnikova



Caperucita al rojo sangre

Una niña, que tapaba su rostro con una capucha roja, caminaba por el bosque. En la mano, llevaba una canasta, y una manta cubría su interior. El día era frío, las nubes inundaban el cielo y parecía que estaba por llover. La niña iba a visitar a su abuela. La mujer vivía del otro lado del bosque, así que le esperaba una larga caminata. Entonces, la chica de la caperuza volteó al detectar el sonido de unas ramas quebrándose, pero no vio nada. Sin embargo, cuando volvió a darse vuelta, había un lobo frente a ella. Un animal peludo y dientudo, que inspiraba terror. Estaba parado en sus cuatro patas y la miraba atentamente.
-Buenos días, Caperucita Roja.
-¿Cómo sabes mi nombre?
-Nadie olvida el nombre- dijo con un dejo siniestro en la primera sílaba de “nadie”- de un integrante de la familia Roja.
-¿Y cómo sabes que Caperucita es mi apodo?
-¿Lo es? Yo solo lo dije por tu caperuza. Y por tu edad- dijo en un tono burlón.
La niña lo miró enfurecida. El lobo le sostuvo la mirada y luego desapareció entre los árboles. Caperucita Roja siguió su camino.

Finalmente, llegó a la casa de su abuela empapada. Había empezado a llover y tuvo que correr hasta llegar. Ya era de noche y la casa solo era iluminada por la luz de la luna que entraba por las ventanas. Abrió la puerta con un chirrido. La casa estaba vacía.
-¿Abuela?
Entró a la casa. Sus pasos hacían eco al pisar el suelo de madera. Caminó hacia la habitación.
-¿Abuela?- repitió.
Abrió la puerta y se acercó a la cama. Pero la que se encontraba allí no era su abuela.
-Hola, Caperucita.
No crean que ella no lo reconoció, sabía distinguir una anciana de un lobo. Metió las manos en la canasta, buscando algo.
-¿Qué traes en esa canasta? ¿Los ingredientes?
-No. ¡Esto! -pronunció a la vez que sacaba un afilado cuchillo y lo apuntaba hacia el animal.
El lobo se alarmó y abrió los ojos como platos. A continuación, Caperucita elevó el cuchillo sobre la cama y luego lo descendió con rapidez. El lobo aulló de dolor. La hoja del arma se clavó en el peludo pecho. La niña hizo lo mismo varias veces hasta que lo confirmó muerto. Caperucita tenía sangre salpicada en el rostro y en la caperuza, aunque no se notaba ante el color de la prenda, sino que podía confundirse entre las gotas de lluvia. Sólo tendría que lavarse el rostro para cubrir el crimen. No lo había matado porque sí, sino porque era necesario. Había descubierto su secreto. Caperucita jadeaba exhausta, luego, sonrió macabramente ante el trabajo bien hecho. Todo el mundo preguntaba cuál era el ingrediente secreto de los pasteles rojos de la familia Roja. Lo había conseguido en el preciso instante en que mató al lobo: sangre.


Giuliana Aprea (12 años)


Texto producido a partir de la lectura de "Ayudemos a los sapos" de Nicolás Di Candia, incluido en Léame.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Viajera Inspira en el colegio - Zoe Taricco García



"Unformed Figure", J. Pollock, 1963.



Viva vivir

Viva la lluvia, el sol y el mar,
viva vivir.
Viva el amor, los besos y los abrazos,
viva vivir mil veces.
Vivan los árboles y las flores, 
los pájaros y las estrellas, 
viva la luna, 
viva vivir con vos.
Vivan los amigos y enemigos,
vivan los amores y desamores,
viva la vida juntos.
Viva la luz,
viva la alegría y la sonrisa,
viva correr y saltar,
viva jugar,
viva vivir acompañado.
Viva enchastrar, 
viva manchar y no limpiar,
viva cantar y bailar,
viva seguir y parar,
correr y volver.
Viva envolverse, 
esconderse,
viva enredarse.
Vivan las carcajadas y los gritos,
viva la música,
viva tocar, viva sentir.
Viva mirar y ver,
viva el cielo y el suelo,
viva llorar.
Viva morder y comer,
viva soñar.
Viva la magia,
vivan los colores, los olores, los sonidos,
vivan los libros.
Viva la lucha,
vivan las fotos y los recuerdos,
viva crear.
Viva empezar, 
viva viajar por el mundo,
viva conocer, 
viva el futuro.
Viva vivir.
Viva.

Zoe Taricco García - 2° 2da Colegio Nacional Buenos Aires


Texto producido a partir de la lectura de pecespajaros, de Gabriel Kirchuk.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Viajera Inspira en el colegio - Emilia Colombo


Weegee

La gente es rara. Si un grupo de gente pasa gritando por la calle, otro grupo de gente le dice que se calle. ¿Qué pasaría si toda la gente gritara? ¿Qué pasaría si toda la gente fuera callada? No lo sé. También hay gente obsesionada o apasionada por el deporte, así como hay gente que no sale ni a la esquina. ¿Qué pasaría si una persona de cada grupo de gente cambiara de cuerpo? No lo sé. Hay gente inteligente, pero también hay gente tonta. ¿Qué pasaría si la gente inteligente pudiera pasarles un poco de sus conocimientos a los tontos? No lo sé. Hay alguna gente muy fuerte, y hay alguna gente muy débil. ¿Qué pasaría si la gente débil comenzara a entrenar para ser más fuertes que los otros? ¿Qué pasaría si la gente más fuerte siguiera entrenando e inflándose con esteroides para nunca ser superados? No lo sé. No sé qué pasaría si la gente actuara de otro modo, pero la gente es así, y yo formo parte de la gente.

Emilia Colombo – 2º 2da del Colegio Nacional de Buenos Aires


Texto producido a partir de la lectura de una selección de textos de Viajera.

martes, 10 de diciembre de 2013

Viajera Inspira a los chicos - Ona Hirsch



Deb Maggelsen

Escasez de princesas
Aviso urgente: toda la Zona Norte del reino se queda SIN PRINCESAS y ese hecho se está propagando hacia la Zona Sur. Esto se debe a que a las brujas se les ocurrió la gran idea de envenenarlas para sumergirlas en el más profundo de los sueños, del que no despiertan hasta que las bese su verdadero amor. Esto podría no ser problema pero los príncipes de ahora, unos totales inútiles, temen que al besarlas el veneno, que probablemente continúa en sus labios, los duerma a ellos también. En consecuencia, las princesas nunca despiertan y, al morir sus padres, el reino queda sin nadie que se haga cargo de él. Claro está, que siempre quedan los hermanos, sobrinos, etc. Pero éstos tienen tendencia a estar de un lado más bien maligno, por lo cual el pueblo en cuestión debe temer aún más.
Para que esto no ocurra las princesas deben evitar comer manzanas, dudosamente entregadas por viejitas jorobadas. Aunque uno no debería hacerlo si lo piensa un poco. Los enanos suelen recomendar esto mucho, hay que hacerles caso.

Ona Hirsch (12 años)

Texto producido a partir de la lectura de "Ayudemos a los sapos" de Nicolás Di Candia, incluido en Léame.



lunes, 9 de diciembre de 2013

Fanny Campos - No te recuerdo de otra vida sino de un sueño


No te recuerdo de otra vida sino de un sueño

Con la cara de cualquier sujeto
tu madre reía como yo  
Tratábamos de ocuparnos de ti
Tú corrías dejándonos atrás  
escapando de las burlas
en un patio que no era el tuyo ni el mío
más bien el mar 
justo en la mitad de aquella noche

Tal vez los sueños no sean tan ciertos
pero es innegable que los ebrios no mienten
y que yo no quiero     
cuando estoy borracha
abrir los párpados          o  las puertas

Tal vez es mejor así      que los ojos se tricen    
sangrantes      histéricos    se tricen.     


Fanny Campos


Fanny Campos es Bachiller en Ciencias Sociales y Humanidades, de la Universidad Católica de Chile. Licenciada en Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Chile. 

Ha participado en diversos talleres de poesía en la SECH y en Balmaceda 1215, Santiago. Sus poemas han sido publicados en diversas antologías y páginas web, y ha participado en variados encuentros de poesía y performance. 
Con el premio Mustakies a Jóvenes Talentos, publicó junto a Carolina Castro y Marcela Saldaño, Inclinación al Deseo y al Caos (Ediciones Balmaceda 1215, 2002), y fue invitada a participar en el proyecto de reescritura de Canto General de Pablo Neruda, con otros poetas jóvenes, Desencanto Personal (Editorial Cuarto Propio, 2004). Es miembro de Descentralización Poética, y Poesía Fuera de Mapa. Pronto publicará "Hystera. Poema en tres actos".

domingo, 8 de diciembre de 2013

Viajera inspira en el colegio - María Justina Vinson

Taiyo Onorato Y Nico Krebs

No pienso más

No pienso más
Mejor olvidarme
No pienso más
Aunque me desarme
No pienso más
Pero quiero quedarme
No pienso más
Debería callarme
No pienso más
Necesito encontrarme
No pienso más
De todo, estoy a punto de hartarme
No pienso más
Es tarde
No pienso más
Me estoy yendo
No pienso más
Me debo estar cayendo
No pienso más
Sonrío
No pienso más
Me despido


María Justina Vinson, 2do 2da del Colegio Nacional de Buenos Aires.

Texto producido a partir de la lectura de "corro, corro", de Mauricio Dreiling, incluido en Vidrio.




sábado, 7 de diciembre de 2013

Karina Macció sobre una obra de Karin Godnic



Verde a millones, vivos, pepitas de luz, blancas amarillas doradas, monedas de hojas, ojos, marrones, ocre, sombras, ojos morenos, pavorreales esparcidos, titilan, es eso
la vida:
un pálpito
un temblar constante y tenue, un hálito de aire fresco, mentolado,
eucaliptus que se cuela en mi sangre

soy verde

una planta liberada soy verde y tierra

al fin puedo d e s c a n s a r

mi cabeza hecha de cabecitas que respiran, que huelen que se agitan alas, suaves, tiernas
puedo tomar todo con cada ranura de mi cuerpo:

soy desnuda

verde completa
paleta verdolada
puedo sentir sin interrupción
soy una y soy mil mil mil mil mil mil
soy tonos y matices
soy rumor
seseo ssssssssssssssssssssssssssssssssssss
soy abrisada y puro oído
ssssssssssssssssssssssssssssssssss
la respiración es viento leve que me hamaca
alimenta
hay rayos que se beben
bebo sol
la lengua se ilumina
se vuelve traslúcida
hacia el blanco
voy

hacia la nada de nada
al fin
soy una mancha fresca
soy vegetal
soy erecta
soy la única aspiración de la tierra
soy la obra
soy inconsciente
soy pura
puro
oxígeno
ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss

soy capaz
soy mejora 
soy hoja y no para escribir
ojo
oja
para

vivir  


jueves, 5 de diciembre de 2013

Viajera en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti

Viajera Editorial participará de la Feria de editoriales del Mundial de Poesía, versión exhibición, junto a:

añosluz editora
Editorial Simulcoop 
PlantaPapel 


Domingo 8 de diciembre, 18 hs.
Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti
Av. Del Libertador 8151 (C.A.B.A.)





Bauprés entrevista a Mauricio Dreiling


Mauricio Dreiling: Mirando a través del Vidrio

Por Silvana Coppini


Mauricio Dreiling es un economista nacido en Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos, que reside en Buenos Aires desde hace cuatro años. Vivió un tiempo en la ciudad de La Plata, lugar donde se formó en su profesión y se graduó. Pero llegó un momento de su vida en el que sintió  dentro suyo que había algo más allá de su carrera que debía dejar de posponer. El miércoles pasado, Mauricio presentó su primer libro de poemas titulado “Vidrio” en el Centro Cultural Matienzo, de la mano de Viajera Editorial. Economista, escritor y actor, nos muestra su humanidad para dar cuenta de que arte y profesión pueden ir de la mano.
¿Cómo se combina la economía, la literatura y el teatro en tu vida?
Durante mucho tiempo traté de encontrarle una respuesta a eso. De alguna forma descubrí un equilibrio. Tal vez lo que aprendí de economía es una manera de ordenar mi cabeza y de hacer un montón de cosas; una manera de meter un poco de racionalidad en cosas que por ahí no la tienen pero que a veces la necesitan. Organizar para lograr algo.

Pero mi amor es el arte, amo actuar, amo escribir, toda la vida lo hice, mi primer libro lo escribí a los 7 años como regalo del día del padre. Para mí es como una cosa que llevo en el alma. Después prioricé una cosa sobre la otra porque, viste que, la vida te despeina y no siempre es la que más te gusta; hasta que entendí en un momento que no se trataba de priorizar una cosa sobre la otra sino equilibrarlas. Que uno es uno y que todas esas cosas que uno hace son parte de uno y que hay que encontrar el equilibrio.

¿Sentís que lo prolongaste un poco?
Me costó  mucho llegar al equilibrio, por eso quiero mantenerlo, me esfuerzo todo el tiempo por hacer la cosas bien. La idea es hacer algo con lo que me sienta pleno. El área en la que me especialicé es economía y finanzas; trato de hacer las cosas de la mejor manera en esa área, me costó llegar a ese punto ya que me hacía ruido no darle bola al arte y cuando encontré la forma de hacerlo y embarcarme en el proyecto del libro, fue un quiebre y una vuelta de tuerca en mi vida muy positiva.

¿Cómo te embarcaste en el proyecto del libro?
En realidad siempre tuve la intención de hacerlo, siempre tuve la espina de juntar todo lo que escribo a cada rato en papeles sueltos y ordenarlos. Empecé a hacer un taller con una mujer muy talentosa llamada María Negroni, que da clases en la Universidad Torcuato Di Tela y en la Universidad Sarah Lawrence. Me hizo una pregunta crucial:

––¿Para qué venís?

––Para destrabar–– le contesté yo.

Al mes que terminé el taller tenía 40 textos escritos, fue un puntapié. El libro que publiqué tiene 113 y llegó a tener 131. Aprendí mucho y tuve como una veta de editor. Este taller fue en 2011, o sea que fue un proceso de 2 años que culmina ahora.

Este libro fue como encontrar un despojo. Cuando tenía quince años quería escribir novelas interminables como las novelas rusas. Pero eso no cuajaba, así que en un momento de mi vida pasé a redactar cosas más chicas como cuentos. Finalmente escribí situaciones narrándolas en cosas chiquititas.

¿Fue como una búsqueda interior?
Exactamente, o sea hay algo en lo que uno transcurre en la vida que se refleja en sus textos, sin hacer autobiografía, no es auto referencial. Sí se habla del “yo”, de la identidad, pero no soy yo, no es vivencia lo que se cuenta ahí.

Tus textos son muy gráficos, ¿en qué te inspiraste?

Ahí entra el teatro. Al hacer teatro, de alguna manera sutil, uno aprende a ponerse en el lugar del otro, no porque se transforme en otro, sino porque de alguna forma presta ––presta su instrumento que es su cuerpo, su forma, su voz, a otra cosa que sale–– sea una improvisación o con el texto de otro autor. Y entonces eso, de alguna forma, me generó como cierta facilidad o entrenamiento para ponerme en otros lugares. Tomo una idea o una frase y la desarrollo de tal manera que parece que fuera de uno o de nosotros o tuya; de tal forma que genera una relación o algo apelativo con el lector, es decir, genera algo con lo que se puede relacionar. Porque cuando uno ve una película o va al teatro, mucho de lo que uno experimenta con esa pieza artística tiene que ver con cómo lo plantee de tal forma que el público se pueda relacionar. Fue algo deliberado implícitamente, se fue dando, de repente encontré un montón de textos que apuntaban a una cosa como muy apelativa.
Mauricio Dreiling y Silvana Coppini

Tus textos hablan de cuerpos permeables, de tener todo el mundo abajo pero a la vez arriba, ¿qué te motivó a escribir esto?
Surge al observar la sociedad moderna o postmoderna, como se la quiera llamar, hay algo de pensar al otro como que está abajo o encima de uno. No como igual. No estoy haciendo un juicio de valor. Lamentablemente hay casos en los que uno se siente menos o más que otro y esas relaciones de poder se ven en toda esfera, es decir, desde el colectivero que no paró o la gente que te trata mal porque tuvo un mal día, o alguien que te trata bien cuando no esperabas  que te tratara bien. Entonces esas relaciones que se van construyendo en algo más amplio, ese mundo, tienen mucho que ver. Observar ese mundo, cómo hago cuando se termina, o cómo me planteo ante determinadas situaciones de la vida, cómo se ven esas complejidades de las relaciones humanas desde la perspectiva de cada uno, hasta cómo cada uno entiende eso. De alguna manera lo explica muy bien Virginia Janza, mi editora, que al final del libro dice que “Vidrio es un libro acerca de ver, de ser visto, de mirar, de ver y mirar, que no es lo mismo, de observar, de dejarse ver”, y todos esos juegos de palabras, al combinarlo con lo anterior, con una sociedad, una persona, las relaciones humanas, tiene que ver; porque cuando uno ve algo, se relaciona con ese algo, entonces el libro, a través de los textos, quedó así. Si bien muchos no fueron inicialmente pensados en ese contexto, o conscientemente generados con esa intención, cuando llegó la hora de ordenarlos nos dimos cuenta de que había algo que apuntaba para ese lado. Es que llega un punto en el que vos escribís y escribís y eso adquiere como su propia envergadura, su propio lenguaje, tiene una lógica interna que hay que respetar. Como cuando actúas, que tenés que leer la escena e interpretarla orgánicamente en función de lo que está pasando, bueno, con la literatura pasa un poco eso. Cuando escribo, cada cosa tiene su momento, su lugar; y cuando lo lees en voz alta y hay cosas que no funciona es porque estás haciendo ruido.