Un sueño, el lugar más esperado para decir todo, para rescatarte sin que tenga que hacer tanta fuerza, para sentirme desnuda, al fin, sin tanto frío. Una canción desarmada, con una música distinta que va a destiempo y en los silencios se filtra el ladrido de un perro que ya no tengo más.
Voy a escribirte todo lo que siento. No tengo más tinta, pero no te vayas, voy a abrazarte cuando te alcance. Es que corrés muy rápido, mis piernas no te pueden seguir. Están pesadas.
No importa, acabo de encontrar un lugar que me resulta conocido, es la casa de Mecha, toman mate, se ríen. Quiero volver. Hacia atrás.
Algo me distrae. Hay un libro.
No recuerdo más.
Gabriela Oyola, 2015
VIAJERA EDITORIAL se enamora de la literatura con una atrevida voz propia y una manera original de ver el mundo. Viajera sale en busca de talentos nuevos con el desafío de que encuentren sus ávidos lectores. Viajera cuenta con tres colecciones: descubrir, para primeros libros de autor; explorar, para seguir adentrándose en el paisaje de las obras contemporáneas en construcción; bífida, libros doble lengua/lengua doble
Mostrando entradas con la etiqueta Gabriela Oyola. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gabriela Oyola. Mostrar todas las entradas
martes, 7 de julio de 2015
viernes, 26 de junio de 2015
miércoles, 3 de junio de 2015
Viajera de otoño * Gabriela Oyola
Imagen
de una ciudad
(frutal)
Caminar
despacio por las calles donde los gatos duermen largas siestas
durante el verano. Algunos son angostos pasajes, llenos de árboles
frutales, con un aroma profundo a moras . Hace muchos años las
cortaba de unos enormes árboles, no era sólo un dibujo de las moras
cortándolas en ramillete.
A
veces la verdad no lo parece.
La
hojas son delgadas, el verde es profundo, las moras se amontonan en
un árbol inmenso que caen cuando el viento zonda empieza su trabajo.
Ahí, al ras del suelo junté más de una. Uní el morado de las
moras con el rosado de mis dedos.
Ser
una fruta más al costado de una calle de provincia.
Tomar
la bicicleta, subir atrás de acompañante, buscando lugares que no
terminan en una calle, descansando de a ratos cuando el calor derrite
las moras y el jugo cae en la tierra para saltar a las viñas con el
viento justo.
Ser
una uva más al costado de una finca, con una casa de adobe que
apenas tiene una agujero de ventana.
Podría
ser una pintura local pero es un poema de una pintura local.
Mañanas
frías para cruzar el parque tan temprano, otro invierno de olores.
Pequeños. Un brasero al costado de una ventana con olor a pan
caliente, amasado a veces con tristezas, del camino. Sobre un fondo
verde y marrón, con el sol más grande del lugar que no se achica
con los días.
Crecer
al costado de una vida de provincia, en el medio de una vida local,
por encima de las luces de una ciudad. En la noche con una luna
triste, en el día con el sol mayor.
Crecer
con el poema a cuestas.
Gabriela Oyola
Gabriela Oyola se
formó en la carrera de artes combinadas en la UBA. Hizo y hace un
poco de todo: audiovisual, producción, investigación, crítica. No
olvida que en su costado más informal le encanta peinar para cine o
publicidad. Se considera una paseante de la vida, le encanta e
investiga sobre el cine clásico argentino de la década del 50´. No
le gusta la docencia pero sí el trabajo en equipo. Ha presentado
trabajos de video- poesía para distintos festivales y realizó una
muestra de video-poesía e instalación “íntima”. En breve
presentará su primer libro Imagen de una ciudad por Viajera
Editorial.
jueves, 28 de mayo de 2015
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



