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martes, 19 de agosto de 2014

Este jueves: Karina Macció y Natalia Monsegur



Este jueves en el ciclo Arrancándonos la piel

Karina Macció  
Natalia Monsegur
Coni Banus
Hernán Flores
Leandro Gabilondo

A las 21 en Mu - Yrigoyen 1440


domingo, 27 de julio de 2014

Pablo Milani entrevista a Natalia Monsegur

Por Pablo Milani

Entrevista Natalia Monsegur


Natalia Monsegur: “La poesía es un espacio de rebeldía necesaria”

La conocí una noche casi como todas las demás en el ciclo de poesía Rumiar Buenos Aires, e inmediatamente quedé impactado por su combinación en sus palabras de viajes y poesía. Luego de conseguir su libro, Casa de viaje (Viajera Editorial, 2010), la contacté para esta entrevista que de a ratos quiso ser charla y fue también reiteradas veces interrumpida por el que escribe. Fue una tarde /noche de otoño de lluvia en un bar del siempre barrio porteño de Palermo. Había sólo una mesa ocupada, que se desocupó ni bien ingresamos al lugar, además de la nuestra. La luz también era de otoño, amarilla, tenue. El resto fue música y lluvia de fondo. La entrevista fue atravesada por la inconfundible voz de la cantautora francesa, Zaz.
Natalia Monsegur nació en 1983 en Barcelona (España), a los nueve años se mudó con su familia a Buenos Aires. Es Licenciada en Letras de la UBA. Formó parte del taller literario de Ana Guillot. Editó Casa de Viaje (Viajera Editorial, 2010) Hoy se dedica a la docencia. Dice que ahora prefiere escribir ficción y que siempre está bueno el ejercicio de la escritura porque, entre otras cosas,  es un acto apartidario.


¿Cómo surge Casa de viaje?
Surge a partir de cosas que escribí a partir del 2008, (el libro es de 2010). De las memorias de los viajes y las fantasías de los viajes futuros o paralelos. El libro es mucha escritura acumulada. Llevó un tiempo darme cuenta, no sola, sino con el taller que asistía en ese momento. Había líneas, había temas que volvían y volvían. Y ahí me di cuenta que había temas en los que yo me quería enfrentar. Creo que eso está claro en el libro. A veces los temas que uno quiere escribir están para uno muy claro y para otros no. Fue darme cuenta de que había algo que me apasionaba y quería seguir escribiendo sobre eso. Habían palabras, movimientos y llegó un momento donde había mucho material también. Hubo mucho incentivo también de mi profesora de taller en ese momento, Ana Guillot. Generalmente pasa eso, de tener alguien que te lleva de la mano cuando uno es más pequeño. Y sucedió. Y fue muy placentero el armado del libro. ¿Cómo se ordena esto? ¿Cómo puedo jugar con eso? El libro tiene dos partes. En realidad,  yo quería que el libro estuviera 




En Casa de viaje hay varias vidas en una que se mueve entre pasado, presente y futuro.
Hay humor. Es muy importante el vínculo familiar además.
Y todo esto escrito en un total estado de libertad.
¿Cómo pensaste la estructura del libro?
En la casa de arriba y la casa de abajo, hubo un pensamiento. Dialogan entre sí. Hay mucho juego. Una mayor libertad a la hora de escribir como vos decís. En la casa de abajo encontré la prosa y me sentí muy cómoda con eso y después seguí por ahí. 

¿Influye la ubicación geográfica a la hora de escribir?
Influye moverse yo diría. Moverte y darte cuenta que te estás moviendo. Cuando uno se mueve y cuando uno viaja tiene la curiosidad o las ganas de estar viendo cosas nuevas. Entonces ahí se te despierta algo. Se te hacen nuevas sinapsis en la cabeza. Pero también es un viaje, y un viaje hacia el otro.

¿Qué crees que cambia la poesía?
Para mí es un espacio de rebeldía necesaria para la vida. La poesía es un género que te hace ver las cosas de otra manera, patas arriba. Es alimento. Las cosas en realidad no son como las vemos, como nos la hacen ver. La poesía es el lenguaje que más fuertemente se pone en evidencia con eso. Es un mundo mágico.
En pleno siglo XXI dominado por las redes sociales, la inmediatez, las distracciones, la difícil reflexión en soledad. ¿Qué papel crees querepresenta la poesía?
La verdad que eso no se puede evitar. La “tipa” está ahí, firme. Preguntándote: ¿Cómo vas a hacer para escribir? Pero también hay una necesidad ahí. Está el que necesita escribir, más allá de esa inmensa distracción. Hay que seguir escribiendo. Hay que hacerlo. Quizás hace dos semanas que no escribís nada, y estuviste muy bombardeado. Facebook es una locura, estás recibiendo información todo el tiempo. Igual está bueno hacer poesía que todo eso hoy porque como es rebelde, naturalmente, y apartidaria además.
Hiciste varios cursos de cine. Uno de ellos en Cuba. Otro con Campanella
¿Cómo llegas al cine? ¿Qué te atrapó?
Creo que llego por la ficción y es una súper herramienta para escribir ese género. Es muy difícil hacer cine después. Porque necesitas equipos, mucho dinero. No es imposible, se puede lograr. Estudié cine para escribir mejores cuentos, y me ayudó. El cine no deja que el guionista te engañe. Que engañe al espectador. Como un buen cuento policial. Vos no podes crear pistas falsas. Todo se nutre de algún modo.

¿Qué es lo próximo a Casa de viaje?
Ahora vienen cuentos. Hay cuentos cortos, largos. Estoy trabajando en eso.

¿Qué lees?
Leo muchas cosas diferentes al mismo tiempo. De repente tengo ganas de leer teoría o algo más concreto, así como más duro. Leo filosofía, o cosas de Ciencias sociales. Y esas cosas me hacen pensar desde otro lugar. Hace poco leí Bernhard Schlink y me encantó. Leo Psicología también.   A veces necesito ordenarme y decir: esto lo termino.

¿Barcelona vs Buenos Aires?  
Barcelona es la infancia. Es acercarme a un mundo mágico, como de leyendas. Porque lo que tienen los españoles, que acá en Buenos Aires se perdió mucho, es que mantienen muchas tradiciones, entonces pasaban cosas que yo flasheaba  de chiquita. Hay todo un imaginario que es muy nutritivo para el niño y a mí me nutrió un montón. Las festividades, pero medias profanas, porque está todo esto de lo carnavalesco que no es muy religioso. Mi familia no es religiosa, yo tampoco lo soy. Yo me metía en ese mundo de gigantes disfrazados. Después estaba también el hecho de que había montañas y había mar en Barcelona, así que tuve otro contacto con la naturaleza. Mi papá es navegante, así que nos metía en un barco y al mar. Y en el colegio tengo mucho recuerdo de excursión, de frutos silvestres, pero es la infancia. Uno la idealiza. 

Y Buenos Aires es como la novela de aprendizaje. Los amigos, los amores, el salir a la noche. Yo disfruto mucho la ciudad. En ésta época especialmente (otoño) me encanta. Y hoy por ahí Buenos Aires se ha transformado. Yo tengo 31 años y pensás que quizás esa novela se termina. Y Buenos Aires empieza a ser la ciudad donde vos estás y empezas a intervenir en ella. Y pensas cuál va hacer tu compromiso con esa ciudad. Es un caos. Pero a veces me encuentro caminando en calles que no puedo creer, de noche sobre todo. Siento que me llevan a otros lugares y me sigue asombrando la belleza.

Enlace a la nota en la revista Aglaura:

viernes, 23 de mayo de 2014

Natalia Monsegur - Minuto Magdalena

Niña
A papá
Reproducir el amor
Y llevarlo hasta el fin del mundo
Eso
La alegría en el pecho
Las ganas de comer uvas
De saber que él está bien

Reproducir el amor
Esa aérea y segura sensación
De sentirse amada
Y luego, ¿qué tanto?
Comer uvas, tirarlas al cielo
Esperar que bajen
Atajarlas con la boca
Así

Guerrera capitana de la vida
Hasta el fin del mundo
Reproducir ese amor
Que se queda
Que discute con cóndores
Que amasa guisos picantes

Reproducir copiar
Eso aprendo
Ese amor anda por todos lados
Es una pirámide
Un ejército de hormigas
de inviernos y veranos
un profundo desconocimiento
de muchas cosas
de casi todo
y aún así
una presencia que se hace futuro
ganas

el mundo está por descubrirse.

Natalia Monsegur, autora de Casa de Viaje (Viajera, 2010), para Minuto Magdalena, homenaje a Marcel Proust en el Club Cultural Matienzo.




domingo, 27 de abril de 2014

una bandada de pájaros - Natalia Monsegur

el mar a veces sé que a veces
es difícil
la frontera está delimitada
funcionando por sectores
las líneas dicen son de alambre
Pablo Picasso
no volvés ni siquiera de dónde venís
si no te quedás en algún lugar
donde tus labios
se esfuerzan en aprender
o tu simple piel bajo los soles
pide ser aceptada
quién
dice que la mezcla da tanto miedo
que la violencia nunca es interna
y en cambio
bajo el cielo está la tierra
llena de tierra
cerca está el mineral
tu araucaria que fosforece
como las mañanas en la corteza





Barcelona/ sólo me voy cuando otra persona lo decide no sé si vuelvo si alguien lo decidirá por mí pudiera quedarme o irme o volver pero sólo parece que me emigran.




Natalia Monsegur, Casa de viaje.
Viajera, 2010.

viernes, 27 de diciembre de 2013

el calor fue rotundo - Natalia Monsegur





Sofia Minetto
el calor fue rotundo
implacable
me llevó de los tobillos
al centro mismo
atravesando arenas
granos maíz
me dejé arrastrar
como quien quiere conocer
sentir el ripio
y no me ahogué
las mejillas se llenan de sangre
(porque fue hermoso)







Baleares/ no vio el agujero y cayó, como Alicia cuando aprende los distintos tiempos. Cayó en una cueva desde donde se podía ver el mar. La fotografía instantánea del azul. Esperó a que el viento menguara y que llegara el príncipe del submundo invitándola a reinar.



Natalia Monsegur, Casa de Viaje, Viajera, 2010.

sábado, 31 de agosto de 2013

Sobre "Casa de Viaje" de Natalia Monsegur


Acá o Allá / Adentro o Afuera



Hay en el tejido de esta red una ausencia. Algo que se cuela, se seguirá colando, por los intersticios de la malla. Una añoranza, un pequeño dolor. Vientito que, al soplar, destiñe y compromete. La viajera va y viene por distintos espacios. La viajera desea. Pero el objeto de su deseo siempre está más allá: en otro país, en otro hombre o cultura. A poco de llegar, ya está partiendo. La red sostiene una permanencia: la de la pura deconstrucción. La sangre familiar va de “acá para allá”, y el accidente puede ser geográfico; pero se intuye percance, infortunio. ¿Será que, efectivamente, fue la sal la que trajo la mala suerte?
La tormenta es hacia adentro y espanta a los pájaros que deciden migrar hacia donde el sol “no pique de lastimar” ni tenga errores. El infortunio es el nomadismo. La sensación de no pertenecer y estar siempre inaugurando una estadía. No es posible limitarse a llegar, pero en esta red tampoco hay dónde quedarse. La urdimbre es azarosa, inestable, imprevisible. Y es que, cuando los viajes no se eligen, cuando están impuestos, exigidos, determinados por otros, el trayecto deja de ser una aventura o un goce. “Es la historia fundacional tenernos lejos”, dice la autora. En ese contexto, el otro es siempre una extrañeza, una falta.
José María Perez Alonso
Las fronteras de lo real deberían sencillamente otorgar nacionalidad y casa, un espacio en el que vivir y desarrollar los días. Casa, familia, techo para que no llueva sobre la sopa caliente, para que el cuerpo no nos llore. En cambio, cuando las fronteras son imperativas (igual que algunos viajes), se convierten en una verdadera amenaza. En ellas sobreabundan el control, los alambres (en donde no anidarían, no podrían anidar, los pájaros), los sectores. Plurívoca y nunca más real la metáfora que clausura (sic): “dividimos la parcela para quedarnos/ quietos”. Hace pensar en un cementerio, en una desolación contundente y final. Entonces no es lo mismo estar acá o allá, adentro o afuera, libre o detenido en ese espacio circunscripto y peligroso.
Natalia Monsegur habla de esa cárcel: la de la inseguridad, la del exilio. Pero, también, de la obscena actitud de lo fronterizo que, a puro capricho, hoy pone límites que mañana eludirá. “Las fronteras ahora existen/ y después/ son distintas”, dice. Cabría preguntarse entonces para qué, con qué objetivo, se instalan campos minados en donde debería haber sólo planicie, semillas (“redondas y útiles”), raíces en las que crecer y verdecer. Se ve tan inútil el abuso, tan demencial. La lavandina no blanquea absolutamente nada.
Son muchas las inquietudes que crecen a lo largo de estos poemas. Y varias las lecturas que pueden hacerse de los mismos. La frontera puede referirse al propio cuerpo, a las propias limitaciones, al depredador interior que llevamos y que sesga lo que anhelamos ser y poseer (“hay lugares donde el deseo es tan grande/ que parece esencial/ y casi peligroso/ no ir/ o no irse”). Pero también aluden, sin lugar a dudas, a las geográficas. De tal manera que la referencia política se vuelve inevitable (y, sobre todo, impostergable). Los poemas cuentan una historia (dolorosa, reciente), pero la autora decide aliviarla. No disimularla, sino darle entidad lírica. Y es ahí donde duele aún más todavía. Es que lo que ella logra, en realidad, es dar nombre, con enorme honestidad y compromiso estético, a todo lo periférico; es decir, a todo aquello que culturalmente nunca es visto como medular (central, prioritario, necesariamente emergente) y que, aún más, se prefiere ignorar o invisibilizar invocando modelos habitualmente tranquilizadores y convencionales. En esa periferia están el indígena (“araucaria vence”), algunos territorios (África “dentro de la tierra roja”, Latinoamérica), ella misma en su condición de mujer (“que une/ acá y allá”), “la inmigración atada”, “el esperpento serpentina de la España profunda”, “los países sin luces”, las islas, “el ciudadano a la intemperie”, el mestizo, el submundo, las marionetas (la vida pende de un hilo). Un zoológico nada ecológico, si cabe el juego de palabras. La distancia se interroga como una manifestación posible de la libertad; aunque ambas palabras no son sinónimos, ni siquiera equivalentes. Se disfraza la errancia sólo para que no duela tanto la incómoda comprobación; sólo para calmar el “ojo del huracán”, la “pandemia”. Pero la autora no se engaña: y prefiere la selva, en todo caso.
En paralelo, este acontecer (o esta obligatoria evasión) le permite introducir, en otro plano, algunas referencias respecto de la dificultad ante el hecho creativo en sí mismo, la “lateralidad de la lengua”, la génesis literaria o, en su defecto, lo que queda luego de que los papeles se humedecen o el lenguaje se esconde. (Algo siempre queda, siempre quedará).
José María Perez Alonso
En medio de una bellísima sucesión de imágenes y metáforas, la que prevalece es la del mar. Ésa es la “frontera mayor”. En esta ocasión las aguas no se abren para que la viajera pase (otra referencia bíblica equiparable a la de la “historia fundacional”), sino que siempre están dividiendo al racimo familiar que insiste en no disolverse. El mar es un animal viviente (“le quité la piel de agua/ me la puse encima/ como el asno”), y conlleva su propia simbología: las emociones, la madre, el flujo y reflujo (una actividad semejante a la lunar), la transitoriedad. Algunos se ahogan, otros lo navegan. Ella quiere un puente, pero la distancia entre los continentes (o sus equivalencias) es enorme. Evocadas a partir del mar (más cerca o lejos del mismo), las diferentes ciudades le permiten imaginar identidades azarosas. Monsegur utiliza el potencial de tal manera que, aunque las exhibe como posibilidades, es sabido que, por el contrario, las está excluyendo de su verdadera entidad de manera total y absoluta. Ella, decididamente, no tendrá (ni querrá tener) el cabello carré, ni zapateará flamenco, ni comerá hongos o desporrará maíces, ni habrá un hielo diferente en su itinerario incansable. Ni Estocolmo, ni Baleares, ni Bolivia, ni Argelia, ni Chile (aunque el clima, ¿cuál de todos los posibles?, fuera parecido). Sí, Barcelona (lugar en el que nació).
Finalmente también un mar blanco, un líquido espacio en la hoja, divide al libro como objeto. De un lado están los poemas, la superficie tisular de la red, el esqueleto bello, la sugestión. Del otro, abajo, como un pie de página, la narración. Poética también, pero más directa, secuencial, enunciativa. Ambas propuestas se completan entre sí. Y ambas son necesarias. Lejos de confundir o limitar, expanden el hilado, lo corporizan. Bastarían apenas unas pocas, elegidas, fibrosas, para sumergir al lector en esa ruptura del orden, de la legitimidad. Sol y luna, padre y madre resaltan como núcleos referenciales (los únicos que se adivinan en esa infancia accidentada y triste). Ella, en la cárcel de la estrella roja; él, abriendo una lata de mejillones o berberechos para luego enseñarle a la niña por qué se mueren las tortugas (sostenedoras del mundo en las culturas arcaicas, transportadoras de su domicilio vayan donde vayan; hasta lleva a inferir que las “líneas del cuello” del único, brevísimo, poema de dos versos podrían aludir a ellas). También para que en otra instancia cercana, la pequeña se atragante “porque se separaba de él”. Efecto que perdurará aún superado el exilio, la mudanza: las mujeres se asustan cuando escuchan pasar a los helicópteros, ella recordará el domingo de sol en el que hablaba de la policía con el padre.
José María Perez Alonso
“…¿Dónde está la geografía despierta?”, pregunta; “¿cuánto tiempo tardan/ en venir/ todas las olas”, agrega. La “rara estación” (como situación de viaje o como fenómeno climático; casi, extremando las interpretaciones, también como “manera de estar”) termina definiéndose como el lapso temporal (y entonces también espacial) en que se configura, define, abruma, aligera una etapa de la vida. La resiliencia hace que ahora el poema abandone a la viajera en forma de canto y que nos pertenezca. No cantaremos “felicidad, felicidad tururu…”, a pesar de que la superficialidad (nada inocente)de algunos recortes de la “civilización” aliente estas formas evasivas; pero percibiremos, gracias a ella, mariposas en el cuerpo y en la memoria (a pesar de, siempre a pesar).
Costas, barandas, direcciones que se olvidan, agujeros (con Alicia incluida), cartas que se escriben sólo para no enloquecer, banderas, un crecimiento a fuerza de obligarse a oler al destino “por detrás”. Máxima cautela, una herida sangrante cubierta por el pasto.
En los poemas finales el canto épico de Natalia Monsegur se hace más cotidiano, diurno, aunque nada complaciente tampoco. Pocas veces un primer libro adquiere una estatura tan “espontáneamente literaria”; es decir, con oficio y soltura a la vez. Finalmente, la cita a las memorias de Marcos Ana, poeta y militante español que pasó veintitrés años de prisión durante la dictadura de Franco da encuadre a este vientito que “en las raras” nos quiebra y emociona.


Ana Guillot



viernes, 2 de agosto de 2013

El Amor en Viajera - Natalia Monsegur


"My Kate", Karl Yens.


pienso que tuviste
mi orgasmo en tus manos
que hice algunos días de puro aire
para estar entre tu pelo
y saber saber saber
que mi corazón estalla
queriendo que lo sostengan
y vos no
es la pena grande
que me da 
el otoño



Natalia Monsegur, Casa de Viaje, Viajera Editorial, 2010.


jueves, 11 de julio de 2013

Natalia Monsegur: Morada Violeta




"Estación Retiro", Facundo de Zuviría. 1999.




despegar de un territorio desconocido
acercarse a otro 
despacio
no queriendo tal cosa
y sin embargo volviendo
a caer
hay lugares donde el deseo es tan grande
que parece esencial
y casi peligroso
no ir
o no irse
es del color de una hoja volando
más rápido que el tiempo

estamos a veces repletos
y casi tan vacíos como antes
inundación de nubes
lluvia dentro del fuego de la tormenta
el ojo del huracán no duerme
no se cierra ni sueña
se calma con el tiempo
con el cambio de corriente
destruyendo antes

bajo pasión
es imposible abrir
ni cerrar



***



Buenos Aires/ cuando eras cárcel. Respirá que ya no.






Natalia Monsegur, Casa de Viaje, Viajera Editorial, 2010.



jueves, 27 de septiembre de 2012

Cecilia Maugeri y Natalia Monsegur en el IV Festival de Poesía Joven Argentina

IV Festival de Poesía Joven Argentina 

Casa de la Provincia de Tucumán 
 Auditorio Espacio Tucumán 
Suipacha 140 

 Del 1 al 3 de Octubre de 2012 
de 18hs a 21hs