Mostrando entradas con la etiqueta Viajera visita. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Viajera visita. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de junio de 2015

Viajera de otoño * Sofía Ciravegna


Hojas del piso
sonrojan
junto al viento
impetuoso
gris
casi transparente
alborotado
puedo sentirlo
en el silencio musgo
penetrar los vidrios de la habitación
y relamer con la punta de su lengua
cada flor sobrante el otoño
puedo verlo
enfriar el aire de sabor amargo
garganta
succionando sus brillantes
dejándolas morir
titiritando
en ese rincón invisible y avejentado
donde me vislumbro desnuda
en cuclillas
reseca
enmudecida
diferente
mordida
transmutada
líquida
boca violeta



Sofía Ciravegna




Sofía Ciravegna, Buenos Aires, abril de 1990. 25 años, Productora, Bailarina y Fotógrafa. 
Desde el 2008 pertenece a los talleres Siempre de Viaje, Literatura en progreso con Karina Macció y está en proceso de su primer libro de poesía que se llamará "Sumergida". 
Actualmente trabaja en la "Nación Revista" como asistente y fotógrafa. Es productora, asistente de dirección de la obra de teatro "Surmenage". Y como bailarina, ensaya para una nueva obra de teatro; es coreógrafa de la productora Shock Your Cocktail y realiza shows para diferentes empresas de eventos. 



Viajera de otoño * Gabriela Oyola

Imagen de una ciudad
(frutal)


Caminar despacio por las calles donde los gatos duermen largas siestas durante el verano. Algunos son angostos pasajes, llenos de árboles frutales, con un aroma profundo a moras . Hace muchos años las cortaba de unos enormes árboles, no era sólo un dibujo de las moras cortándolas en ramillete.
A veces la verdad no lo parece.
La hojas son delgadas, el verde es profundo, las moras se amontonan en un árbol inmenso que caen cuando el viento zonda empieza su trabajo. Ahí, al ras del suelo junté más de una. Uní el morado de las moras con el rosado de mis dedos.
Ser una fruta más al costado de una calle de provincia.
Tomar la bicicleta, subir atrás de acompañante, buscando lugares que no terminan en una calle, descansando de a ratos cuando el calor derrite las moras y el jugo cae en la tierra para saltar a las viñas con el viento justo.
Ser una uva más al costado de una finca, con una casa de adobe que apenas tiene una agujero de ventana.
Podría ser una pintura local pero es un poema de una pintura local.
Mañanas frías para cruzar el parque tan temprano, otro invierno de olores. Pequeños. Un brasero al costado de una ventana con olor a pan caliente, amasado a veces con tristezas, del camino. Sobre un fondo verde y marrón, con el sol más grande del lugar que no se achica con los días.
Crecer al costado de una vida de provincia, en el medio de una vida local, por encima de las luces de una ciudad. En la noche con una luna triste, en el día con el sol mayor.
Crecer con el poema a cuestas.


Gabriela Oyola


Gabriela Oyola se formó en la carrera de artes combinadas en la UBA. Hizo y hace un poco de todo: audiovisual, producción, investigación, crítica. No olvida que en su costado más informal le encanta peinar para cine o publicidad. Se considera una paseante de la vida, le encanta e investiga sobre el cine clásico argentino de la década del 50´. No le gusta la docencia pero sí el trabajo en equipo. Ha presentado trabajos de video- poesía para distintos festivales y realizó una muestra de video-poesía e instalación “íntima”. En breve presentará su primer libro Imagen de una ciudad por Viajera Editorial.  

martes, 2 de junio de 2015

Viajera de Otoño * Daniel Cáseres

La búsqueda

Estamos buscando algo sin nombre.
Como si el universo fuera un pajar
un inmenso pajar perdido en una aguja.
Buscamos una virtud que brille en mitad del vicio
para evitar que el tiempo desangre y devore lo inocente
como una oruga obesa
implacable
mórbida.
Hoy estás acá, pero no siempre.
A veces no sos lo que quisieras.
Respirás por debajo de la capacidad de tus pulmones.
Sos una caricia venenosa que se hiere a sí misma.
Entonces asisto a tu martirio autografiado
como si fueras un atardecer sanguíneo.
No quiero que pienses que voy a permanecer impasible
frente al daño que te hacés con las palabras
esas serpientes blancas
escondidas como flechas en la niebla.
Sin embargo, a veces no puedo evitar pensar igual que vos
el vocablo preciso
la soledad a cuestas
el reclamo inconcluso.

Yo también estoy desesperado.
Arrastro el cuerpo sobre púas de trincheras embarradas
y no sé dónde queda el norte o el sur.
Por eso sentís que ya no sabés quién soy. Porque me ausento. Porque no voy a estar acá
el día de tu muerte, a menos que nos encuentre abrazados.
Dejame pasar. Quiero entrar. Te lo pido.
O quizás querrías dejar en una taza escondida en tu alacena de jarrones y búhos
tu marca labial
para que yo la reconozca
y así emprender un viaje de regreso en peldaños sutiles
volver a enamorarnos con señales y ojos adolescentes.
Yo dejaría una rosa sobre la cama. Una rosa roja sobre la cama tendida
pero no sé si quisieras permanecer conmigo en esa tierra que abandonamos hace tanto.
Aquella noche, cuando el reloj estalló y las sábanas se humedecieron hasta escurrir
y el gemido continuo despertó a la gata y a los seres inanimados de la casa
a cada búho de cerámica, los jarrones y los espejos
las sillas, las mesas, los cuadros y hasta los artefactos del baño
tampoco ahí, ninguno de los dos
dijo te amo.

Estoy cansado de pelear con tu lengua.
Que al lanzar las palabras al aire
signifiquen tantas cosas diferentes
como si no fueras, acaso
la otra cara de una misma moneda.
La cara que abre la boca y canta
y habla
y llora
esperando, como yo, un silencio.
Estamos cayendo. Estamos cayendo por un túnel húmedo.
El agua putrefacta permanece bendecida
por algunos peces pequeños.
Una ballena pasa de a ratos y engulle el krill de la angustia.
Eso me esperanza.
A veces la gata pregunta por mí.
Le contestás que estoy al caer, pero no quiero hacerlo sobre vos
como un náufrago que te hunde para salvarse.
Ni mezclar tu voz con la mía con tal de no oírte.
Por eso pongo en la orilla la débil luz de una lámpara de agua
como si fuera una estrella que viaja.
Ese cometa merecería tocarte.
Merecería partir tu corazón en dos mitades perfectas, lustrosas
una a cada lado de la historia.

Los recuerdos son pies que no caminan pero aplastan
tampoco esperan que estés menos sensible.
Me cansé de pedirte que no me buscaras en el tarot.
Que me preguntes a mí dónde estoy
¿te acordás?
Ya no sé donde estoy.
Creo que me perdí en alguna bocanada de humo.
Me cansé de pedirte que no fumés después del amor
es el momento de abrazar al otro
y proyectar el futuro. El momento más débil y sagrado.

Pero no voy a hacerte reproches. Prefiero seguir buscando algo imposible de mirar.
Una gorgona de cabellos horrendos que me haga salir corriendo a buscarte
donde todavía no hayas llegado.
O quizás un palacio de columnas jónicas blanquísimas
un patio de mármol a cielo abierto
donde me veas y recuerdes cuando andábamos unidos por el centro de los cuerpos.

Pero no sé. La tarde se fue. La gata maúlla y vos no le prestás atención.
Sabés que ella ve y conoce las cosas como yo.
Aunque ahora no hay ceniceros esparcidos por la casa
quizás es señal de que algo está cambiando un poco.

Hoy arreglé la canilla que perdía. No fue sencillo.
El vástago no se consigue
tuve que hacer que tornearan uno nuevo.
En el fondo conozco tu respuesta a mis pequeños esfuerzos.
Nada alcanza para rearmar los pedazos de lo que rompió el agua.
Tiendo la mano y no te encuentro.
Y siento el alma flotar entre los desechos.

Te pierdo y nos perdemos.
Te pierdo y nos perdemos

te pierdo
y nos perdemos.

Daniel Cáseres. (Intervención de un poema de Susana Villalba).



Daniel Cáseres nació en la ciudad de Morón, provincia de Buenos Aires, el 24 de enero de 1965.
Es analista de sistemas. Trabaja en el área comercial de una empresa de productos de consumo masivo.
También es catequista y coordina grupos de formación espiritual para jóvenes y adultos.
En el año 2012 su poema “Las Luciérnagas” salió publicado en la antología Detrás de la Palabra, compilado por César Melis de editorial Dunken. Esto último le dio el empuje necesario para buscar un espacio de literatura en donde desarrollar técnicas de escritura. Fue así como se encontró con Siempre de Viaje Literatura en Progreso, taller al que concurre desde ese mismo año. Ha leído en varios eventos literarios organizados por Karina Macció. Su primer libro de poemas se encuentra casi terminado.

domingo, 31 de mayo de 2015

Viajera de Otoño * Lorena Suez



hay un árbol antiguo
que me espera
una rama
donde colgarme por la cintura
y sentir
tendones ignorados de mi cuerpo
colgarme
cabeza abajo
doblada al medio
tomarme de los pies
yo
capullo de murciélago sin alas
pender
durante días
perder
atarme de los pies
como crisálida
mi cabeza cuelga
(necesita desprenderse de mi cuerpo)
vértebra
soltarme
vértebra
escurrirme
hasta no ser más
vértebra
o el aire que pasa entre mis músculos




***





Camino hasta que el agua me tapa el cuello
me alejo del ruido
de los gritos
de los ojos
camino desde la costa
y sigo hasta lo hondo.

Me quito los tacos
cuando tropiezo con un fósil marino
el sol aún se ve sobre la espuma
me siguen animales que no se distinguir
me miran
con cara de ¿estoy soñando?

El fondo del mar no es como pensaba.

Hay un castillo
un cielo
nubes doradas
y un jardín salvaje
hay un lago azul
y peces plateados
en cada nuevo comienzo
hay soles naranjas rodando
sobre la línea del fin del mundo
todo el tiempo verde amarillo.

Arranco mis collares de perla sin ostra
los arrojo lejos
veo colores soltándose de mi boca
sombras detrás de las cortinas de agua
veo las ganas de dormir
sobre el sendero más pedregoso
y una cama de arena negra
lunas rojas y aquel nosotros.

El fondo del mar no es como pensaba.

Sigo caminando
arrastrándome ahora
el techo líquido ya no trasluce el sol
ni las nubes
hay ecos
ya no veo el piso del océano
ni el cielo de mar
atravieso el espeso petróleo
(aquel que sentimos desde el muelle
una noche de viento.)

Violeta negro
más negro
me acuesto a dormir
pienso en medusas.

El fondo del mar no es como pensaba.

Ahora
sola
en silencio
duermo
el petróleo sobre mí.

Lorena Suez. (Inédito)



Lorena Suez, Ciudad de Buenos Aires, 1975. Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales – UBA y Psicóloga Social de la Primera Escuela Privada de Psicol. Soc. Dr. Enrique Pichon-Rivière. Participa en los talleres de Siempre de Viaje y en los eventos de Viajera Editorial desde el año 2012.  Se desempeña en el área de la comunicación institucional y el desarrollo de contenidos en el ámbito público y como observadora participante en los grupos de aprendizaje de la Primera Esc. Privada de Psico. Social.  

sábado, 30 de mayo de 2015

Viajera en Otoño / Juan Alberto Crasci


no estoy aquí para contar historias


no estoy aquí para contar historias
de asesinos políticos o deportistas

la vida es demasiado frágil
y aun así insiste

como la fruta madura
que se niega a caer del árbol
y espera ser arrancada
para no tener un final inútil

no estoy aquí para contar historias
solo diré
que otro año muere
y en él parto
con el grito atragantado
bajo un manto de piedras


*
los hombres juegan a la poesía como los niños a la guerra

los hombres juegan a la poesía
como los niños a la guerra
vacían sus manos maltrechas
y sus miradas ligeras
en el dulce campo de la inconciencia
como si olvidaran su voz en el rito
en el tiempo que existe
entre destruir y crear

avanzan sin provisiones
toman para sí lo que encuentran
olvidando que daña
lo que no alimenta:
los hombres juegan a la poesía
como los niños a la guerra


*

Juan Alberto Crasci, Derrota (inédito, en proceso).




Juan Alberto Crasci (Buenos Aires, 12 de noviembre de 1982). Cofundó Editorial CILC, con la que trabajó entre los años 2006 y 2010. Manejó el espacio cultural Casa (sic) entre 2010 y 2014. Desde 2012 lleva adelante el proyecto editorial añosluz editora, junto a Sebastián Realini y Florencia Piluso. Ideó y coordina el Mundial de Poesía. Produce, junto a Augusto Coronel Díaz, el Ciclo Despierta!, orientado a la difusión de bandas de rock independiente. Con Sebastián Realini y Walter Godoy produce el ciclo literario Libro Completo. Ideó, compiló y editó para añosluz editora la antología poética mundialista Himnos Nacionales, en la que 25 poetas escriben sobre los jugadores de la selección argentina participantes en Brasil 2014. Publicó las plaquetas de poesía Hendidura (2008), El achique de Dios (2008), Siesta, (2009), todos por Editorial CILC.  

viernes, 29 de mayo de 2015

Viajera en Otoño / María Julia Magistratti

La costura


Una palabra dicha en un oído, tres palabras: disculpá llegué tarde.
Una mano sobre una frente y ojos mediante, una boca que sonríe sola.
Y más abajo el hombro que cae como un pájaro en su minuto final.
La mesa está servida. Las servilletas también.
Los oídos escuchan.
La espalda es la única que está libre, a merced del mundo.
Y todo lo que ha quedado debajo del mantel, en penitencia y a oscuras.


Mirame. Mirame. Mirame.
Están todos los comienzos aquí. Intranquilos.


Si cierro los ojos aparece una casa con los abuelos adentro y una modista
cosiendo el ruedo de mi vestido.
Y yo de pie, quieta, haciendo equilibrio, vigilando la aguja que entra y sale cerca de mis rodillas,
vigilando los alfileres que tiene en la boca,
que no se distraiga, pienso.
Hasta que suena una bocina detrás de las ventanas.
Y estoy denuevo sentada en una mesa servida. Con el brazo que ha aparecido a traerme una cuchara a la boca. Con mi boca en otro lado y mis piernas bajo el mantel, usted sabrá.
Es la hora secreta en la que me enamoro .
Y es como si me hubieran clavado una aguja en las rodillas.



María Julia Magistratti




María Julia Magistratti, Azul, 1976. Estudió Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales UBA. Libros: “Alasitas” (Buenos Aires, Editorial Honorarte, 2004), “Ea” (Buenos Aires, Ediciones El Mono Armado, 2007) y “El Hueso de la sombra” (Ed. Ruinas Circulares, Buenos Aires, 2011) y participó en varias antologías y publicaciones literarias de Argentina y el exterior. Asimismo, tanto en el ámbito público como en el privado, se desempeña en la gestión cultural coordinando proyectos artísticos, literarios y de bibliotecas.  

jueves, 27 de marzo de 2014

Viajera Visita librería Aquilea


Cada libro es un viaje. Vení a conocer los nuevos rumbos de Viajera Editorial: 8 libros prestos a salir, 8 autores que comparten un adelanto con vos. Este lunes en Aquilea! Nos vemos!

jueves, 31 de octubre de 2013

Diego Recalde en el ciclo Intervenciones Literarias No Convencionales - Clásica y Moderna

Gregorio estaba decidido a tener una compañera. Muy. Él, que de tanto leer a Kafka se había levantado una mañana luego de un sueño intraquilo convertido en Kafka, en una caricatura monstruosa de Franz Kafka, necesitaba que a Milena, esa chica de la facultad de Letras que tanto le gustaba, le pasara lo mismo que a él. Nada más que a ella con Richard Bach porque Milena era fanática de Richard Bach. Sobre todo de Juan Salvador Gaviota.
Seríamos la pareja perfecta”, pensó. “Irremediablemente, estaríamos juntos. Para siempre”.
Incluso recordó que en todas las películas de terror que había visto cuando era chico, los monstruos tenían la costumbre de juntarse y armar parejas entre sí. “En Frankenstein, el monstruo le pide a Víctor su creador, que invente una mujer tan monstruosa como él, para no sentirse solo en este mundo”.
Gregorio estaba fascinado con esta opción. Y decidió engordar a Milena como se engorda a una vaca. Con el objetivo de faenarla. Claro que en lugar de darle pasto, había que darle otra cosa: libros. Libros de Richard Bach, el autor favorito de Milena. Sobre todo los que todavía no había leído.
Para su sorpresa, cuando entró a Internet, descubrió que aparte de Juan Salvador Gaviota, Richard Bach había escrito libros como Ilusiones, Uno, Nada es azar, Ningún lugar está lejos, Al otro lado del tiempo, Crónicas de los hurones, El puente hacia el infinito y muchos más…
Gregorio se preguntó si Milena podría leer tantos libros y tan rápidamente. Porque él ahora tenía una urgencia. Construir ese monstruoso vínculo lo más rápido posible. También se preguntó si se trataba solamente de leer la obra completa del escritor que uno admira para terminar siendo una burda copia del original. Gregorio sin saberlo, empezó a sospechar que en la despersonalización entran en juego también otras cosas, mecanismos más complejos; hace falta una estructura psicológica muy endeble o en su defecto, una estructura psicológica en construcción. Algo que nos sucede a casi todos en la adolescencia. El problema es cuando estiramos esa etapa.
De manera arbitraria, Gregorio decretó que Milena reunía uno de los dos requisitos aunque no supo decidirse por cuál. Y así, convencido de que convertirla al caricaturismo sería muy fácil, paseó la flechita de su mouse sobre los libros que Richard Bach había escrito y que alguien criminalmente había subido a la web.
No lo pudo evitar, fue más fuerte que él. De repente, sintió un gran respeto.
Porque será un escritor menor, como dicen en la facultad de Letras. Pero escribió y publicó muchos libros. Digo, ¡hay que escribir y publicar muchos libros! Y encima bastante gordos. Porque todos pasan las doscientas páginas. Aparte, no sólo eso… ¡los libros que escribió se vendieron muy bien! ¡Y hay que vender muy bien!”.
Y pensar que yo me burlo y lo subestimo…”.
Cuando tomo conciencia y veo el lugar donde está él y el lugar donde estoy yo, me siento un pelotudo. Un pelotudo importante. Porque… desde qué lugar me burlo de él, por favor… Si yo ni siquiera puedo escribir algo que sea mío”.
Qué prejuicioso soy. Hay escritores que considero menores por el sólo hecho de que son best sellers… Como si vender mucho y tener éxito fuera sinónimo de escritor menor”.
Hizo doble click en el iconito que decía Nada es azar y el libro se abrió como un documento pdf. Quería ver cuál era el tipo de pasto con el que pensaba engordar a Milena.

Lo leyó muy por arriba. Como suelen leerse los libros en los concursos literarios.



Diego Recalde, La Meta de Gregorio.
Viajera Editorial, 2012.



lunes, 28 de octubre de 2013

Performance Poética en Clásica y Moderna - Nadina Tauhil


no sé si era viernes o lunes cuando nací
pero estaba 
yo
naciendo de vos
que te par(t)ías
para mí

entonces me vi
en el espejo por primera vez
y no supe
si reírme o llorar
porque ésa que nacía
no era yo

¿cuándo nací si no fue la primera vez?

entre tus piernas
vos nacías
y yo miraba el espectáculo
te dije
duele parirse
pero no creíste
pensaste que era yo la que partía
y te dejé creer
me estabas mirando
como si me desprendiera
de vos
y me acunabas
y querías amarme
quise creerte
porque pensé que nacía
por primera vez nacía yo
unida
era tan lindo verte
vomitándome
me devolvías
no pude decirte
que ya nací y morí veinticinco veces en tus piernas
en otras piernas
cuando todavía no existías
–yo no te había vomitado–
pero no pude
y me callé
guardé las palabras
con el amor, con los hijos
para que no sepas lo que es
partirse
porque las madres somos
así: protectoras

el día que lo vomitaste tuviste miedo
¡un monstruo!
la boca entre las piernas
un monstruo cosido entre tus piernas
¿de dónde salió?
no es mío
no lo quiero
no me quiere
porque él es
uno
y yo estoy
partida

el monstruo es uno
está unido y yo no puedo

¿cómo logré vomitarlo?
no entiendo

un espejo en las piernas
el monstruo no me mira
mira al espejo
sigue ahí
a punto de nacer 
réplica inexacta de mí

yo también quiero
ser una
unida
no tener que verlo
siempre entre mis piernas

es él
el monstruo
el que me descose
el que me desata
el que me desforma
yo
antes de él
(de vos)
era
y no estaba 
desunida
desfigurada
porque no sabía 
porque no había
nada

devolveme
devolveme la voz
vomitame
volveme una
separate 
para que nazca
esta vez
yo entre mis piernas


Nadina Tauhil, ranamadre.
Viajera Editorial, 2011.




domingo, 27 de octubre de 2013

Gabriel Kirchuk en el ciclo Intervenciones Literarias No Convencionales - Clásica y Moderna


Telurias

En Marruecos existe un tipo de baile tradicional que consiste en danzar con muchas telas encima, y dar vueltas y vueltas, con movimientos técnicos de piernas, precisos. La idea esencial del baile es el desprendimiento de las telas al subir la intensidad de las canciones; y acaba cuando ya quedan todas las telas en el suelo. 
Hubo una bailarina en particular que me impactó. Soraya era su nombre. Llevaba una cara muy triste, pero no fue eso lo que llamó mi atención. A Soraya no se le caía ninguna tela. Transpiraba y se movía descontroladamente, aún así las telas se sujetaban fuerte en ella.
Al ver lo que sucedía, mi deducción fue simple y quizás infantil: Soraya está triste porque nunca se pudo desvestir.


Gabriel Kirchuk, pecespájaros.
Viajera Editorial, 2011.



sábado, 26 de octubre de 2013

Performance Poética - Belara Michán en Clásica y Moderna



mirarte con otros 
ojos nuevos 
sacar la ropa
que se pliega en tu cuerpo
al levantarse mis párpados 
empezar a mirarte
de adentro a afuera y por líneas intermedias 
entrar
con manos de nena en tus bordes
con una boca que nunca piensa
sus crudos movimientos 
solo desprende su centro, lengua libre
sale de un pozo hondo y busca aire 
como planta entre el viento
acercarme a vos 
a tientas



Belara Michán, cuerpoadentro.
Viajera Editorial, 2011.




viernes, 25 de octubre de 2013

Performance Poética en Clásica y Moderna - Mauricio Dreiling


corrocorrocorrocorrounsoplodelluviaenceguececorrocorrocorroresbalonocaigoafirmomanoenparedcorrocorroveocorrogentecorrogentenadiecorrogentecorroveocorroveotuespaldamojadaentupeloadherentesonríosonríosonríocorrocorrocorrocorrotropiezosaltobaldosafrenopienso pienso corrocorronopiensomáscorrocorrocorroahorasientocorrocorrocorromefal tael alien toes táscer cat ancercacorroccorro corro corrounpocomáscorrosícorrocorrosísísíte alcanzo
un beso
sssiiiiiggllloooossssyssiiiiiiiggllooooseeeennuuunninstaaaaaanttepeerrfffeeectooooo



entrada /








Mauricio Dreiling, Vidrio.
Viajera, 2013.

jueves, 24 de octubre de 2013

Performance poética en Clásica y Moderna - Eugenia Coiro




Cercanía*


Me mira
se agitan despojos errantes
atrás del pulover
quiero cuerpo
hago equilibrio sobre la tensa soga
el tiempo es una línea

tiemblan las manos
me vuelvo húmeda
abajo
y en la boca
hago equilibrio sobre la línea
equívoca del tiempo

se escribe el poema
como la enamorada del muro
de noche
lento
errante sobre el papel
la lengua no dice
(no puede
no sabe
se derrite
en su boca lejana
tibias chispas de chocolate)

y el rojo tiñe
con rubores
mariposa incendiaria
Y si yo te tuviera. Y si

Juguemos a no pestañear
a que me mires todo-seguido
en el universo tresmilcuatrocientosveintiseis
y ahí afuera que sea reflejo
del vacío de adentro

Él se esconde
estopa deseo
atrás de los ojos
enmudecimiento de labios tirantes
tan solo tal vez quién sabe piensa
Y si yo te tuviera. Y si

Ningún tipo de tiempo pequeño
cómplice
es posible




*Intervención de un poema de Paul Celan
________________________________________

NINGÚN TIPO DE TIEMPO PEQUEÑO
cómplice.

Arbitrariedad, un patín,
pero bajo
soplo, asalta
toda física.

Y si yo te tuviera. Y si.

Las artes de morir
centellean,
tú tueas,
yo gano.

Paul Celan, Los poemas póstumos, Editorial Trotta, Madrid, 2003.





Eugenia Coiro, Bengala Hotel.
Viajera, 2011.