lunes, 23 de abril de 2012

ranamadre en Revista Casquivana

Ranamadre, de Nadina Tauhil
Viajera, Buenos Aires, 2011

Poesía catártica y a la vez reflexiva que encara, de un modo que oscila entre lo alegórico y lo descarnado, lo que significa la maternidad, a partir de un análisis minucioso de las ranasmadres. Nadina Tauhil (que publicará un poema inédito en el número 4 de Casquivana) elabora lo complejo de la experiencia materna (de la idea, del hecho, de lo que no debería sentir una madre, de las múltiples posibilidades), y a través de ella construye un microcosmos de fantasías, hipótesis, opciones y determinismos que interpelan al lector.

Reseña publicada el 20 de abril de 2011 en Revista Casquivana

viernes, 20 de abril de 2012

Cuerpoadentro en Revista Casquivana



Cuerpoadentro, de Belara Michán
Viajera, Buenos Aires, 2011
Raro como su nombre, así es el libro de Belara Michán, que hasta se anima a jugar con esa anomalía discursiva para dar forma a una poesía que juega a paladear sabores frutales entre el adentro y el afuera, entre la intimidad y la extimidad, sin que ese in-out se vuelva una disyuntiva binaria. Su poesía tiene algo de topológico, que invita a pensar en el uso de las palabras desde una concepción no lineal, no tradicional. Una esquizofrenia sutil, que invita seduce con formas imprevistas.
Reseña publicada el 20 de abril de 2012 en Revista Casquivana

ranamadre en Revista Casquivana


ranamadre, de Nadina Tauhil

Ranamadre, de Nadina Tauhil
Viajera, Buenos Aires, 2011

Poesía catártica y a la vez reflexiva que encara, de un modo que oscila entre lo alegórico y lo descarnado, lo que significa la maternidad, a partir de un análisis minucioso de las ranasmadres. Nadina Tauhil (que publicará un poema inédito en el número 4 de Casquivana) elabora lo complejo de la experiencia materna (de la idea, del hecho, de lo que no debería sentir una madre, de las múltiples posibilidades), y a través de ella construye un microcosmos de fantasías, hipótesis, opciones y determinismos que interpelan al lector.

lunes, 2 de abril de 2012

Lecturas viajeras en Matienzo

Los invitamos a participar de lo que fue Viajera visita Matienzo.
Pasen y vean!



Videos por Gabriela Tavolara

jueves, 8 de marzo de 2012

Volvemos a Matienzo!


Viajera visita
Club Cultural Matienzo

 Miércoles 14 de Marzo, 20 h
Matienzo 2424

-entrada libre y gratuita-

 
Eugenia Coiro * Nicolás Di Candia
Virginia Janza * Karina Macció
Cecilia Maugeri * Natalia Monsegur
Diego Recalde * Nadina Tauhil 

¡y más invitados especiales!

No se lo pierdan
¡va a estar de lujo!

Seguinos en facebook.com/viajeralibros

lunes, 5 de marzo de 2012

Viajera Editorial en Tiempo Argentino


Una editorial que promueve viajar sin moverse de casa, sólo leyendo


Creada en 2008, es impulsada por tres jóvenes narradoras, egresadas de Letras (UBA), que acompañan  el proceso de publicación de las obras realizadas por sus alumnos en los talleres literarios que dictan. 


La editorial Viajera nació en el año 2008 “casi como una necesidad”, como dirá su directora, Karina Macció. Antes, en 2005, junto a otras dos colegas, había comenzado a dictar talleres literarios: las obras que terminaron componiendo sus alumnos pasaron a integrar una de las tres colecciones del catálogo. En cuatro años ya se editaron una veintena de libros. Está la colección Descubrir, compuesta por las obras de nuevos autores, mayormente los que participaron o participan de los talleres, Explorar, obra de escritores contemporáneos, y Bífida, dedicada a textos bilingües o “doble lengua/lengua doble”. 
Las jerarquías están claras: Karina Macció está a cargo, entonces, de la dirección editorial, y Virginia Janza y Cecilia Maugeri integran el consejo editorial. Las tres estudiaron Letras en la Universidad de Buenos Aires y tienen un puñado de volúmenes publicados por ellas mismas. En el espacio que hace de taller, en el barrio del Abasto, Tiempo Argentino dialogó con ellas. “La diferencia en la que insistimos –dirá Macció– con esta editorial radica en el trabajo con el autor, desde sus comienzos hasta su primera publicación. Queremos acompañar la experiencia desde el momento en que alguien dice ‘bueno, esto que escribí quiero publicarlo’ y decide mostrarlo. Ese momento resulta muchas veces traumático, cuando se trata de editoriales tradicionales. Pero además de acompañar ese proceso, queremos que el autor forme parte de un movimiento, que no se quede en un punto muerto tras la publicación de su libro, sino que con la existencia del libro asuma la responsabilidad de que tiene que ser necesario, de que tiene que tener un público.”

–La editorial surge de los talleres…
K.M: –De los talleres que comenzamos a dar bajo el nombre “Siempre de viaje: literatura en progreso”, allá por 2005. El resultado de esos talleres, la experiencia y la progresión poética a la que arribaron quienes participaron en ellos, fue el motor para la creación de la editorial. Publica las obras de lo mejor que termina sucediendo en los talleres.
–Editan novelas, cuentos, textos que rehúyen a los géneros, pero sobre todo poesía: ¿Se lee poesía hoy en Buenos Aires? ¿Hay un público para eso?
K. M.: –La poesía está viva, no tenés idea de la cantidad de eventos que existen en la Argentina donde se lee poesía, el tema es que no tiene tanta visibilidad. Pensá además en los muchos encuentros en que se mixturan las artes plásticas y la poesía, y así con tantas otras variantes.
C. M.: –Si existe una falta de interés hacia la poesía en algunos ambientes, pasa, según mi experiencia, porque circula una idea del género asociada a la rigurosidad, pero que no necesariamente debe ser así. En ese sentido, el mercado promovió una imagen de lo que se entiende por poesía, y que se liga a un género ajeno a la libertad y a la improvisación…
K.M.: –De todos modos, las colecciones de la editorial tienen que ver no con criterios estereotípicos, tradicionalmente taxonómicos, sino a partir de los perfiles de los autores. Hacemos una editorial “poética” en el sentido amplio del término: ¿Y cómo no es poética una novela, o un cuento, o lo que provenga de una reflexión escrita?
–¿Por qué el nombre Viajera para una editorial? 
V. J.: –¿Sabés cómo surgió el nombre? De una frase de Girondo: “La silla es transatlántico”, la literatura, entonces, como motivo del viaje, la literatura como viaje.
Nota publicada el 5 de marzo 2012 en Tiempo Argentino

lunes, 6 de febrero de 2012

Sobre "Léame"


VIAJERA VICEVERSA
un autor lee a otro y viceversa

En esta entrega les presentamos a Nadina Tauhil, autora de ranamadre,
leyendo Léame de Nicolás Di Candia.



¿Te atrevés?
Leáme es para mí, por sobre todas las cosas, un libro atractivo. Con un título conjugado en imperativo, ¿podría no serlo? Creo que la elección del título en este caso fue fundamental ya que sienta las bases para una invitación que se sostiene a lo largo de todo el libro. Una invitación a leer de otra forma, sostenida por la lógica que plantea Nicolás Di Candia, utilizando no sólo el texto, sino todo lo que hace a un libro (el paratexto que incluye desde el isbn hasta la biografía del autor) para acercarse al lector de otra manera darle otra perspectiva para la lectura.
Guiada por la curiosidad acepté la invitación y me adentré en el índice. Soy bastante ansiosa cuando de leer un libro se trata y hojear el índice suele calmar mis ganas de saber con qué voy a encontrarme y me permite entrar en la lectura ya más serena. Con Léame me pasó lo contrario. Estaba leyendo desde un pdf, antes de que el libro estuviera impreso -no podía tolerar un día más sin leerlo- y me encontré con títulos como “gaseoducto”, “hisóposis”, “coquerío” y entonces pensé: falta corregir cosas, hay palabras que quedaron mal escritas. Medio segundo más tarde, luego de caer en lo estructurada que puedo ser a la hora de la lectura y de retarme por eso, recordé lo que ya sabía: el autor de Léame es Nicolás Di Candia. En todos los textos que había leído de él previamente (que fueron varios) los refranes y las palabras se volvían otra cosa y el intento de contar la realidad tal cual es se vuelve la mejor invitación a un nuevo escenario. Entonces lo hice: abandoné mis hábitos, dejé el índice y volví a empezar por la primera página dispuesta a sorprenderme, como una niña.
Así entré entonces en los mundos de Léame, intentando ser ingenua pero no siéndolo por completo. Porque muchos de los textos toman algo ya conocido por todos y lo dan vuelta (como las maravillosas parodias de Alicia en el País de las Maravillas y El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde), lo desarman, lo recrean y lo vuelven a armar de otra forma, con la pregunta “qué hubiera sido si” como rectora, y yo me quedaba pegada por momentos a eso ya conocido. Volví a retarme. Es verdad que yo había leído Alicia en el País de las Maravillas, que sé quién es Domingo Faustino Sarmiento, que me enseñaron sobre los acueductos. Pero, ¿qué pasaría si yo no supiera todo eso? ¿Si yo fuera una niña que primero se acerca a Léame y luego a Alicia? Entonces lo entendí: los cuentos de Léame funcionan más allá de eso, son verosímiles, entrañables, hilarantes se sepa quién es Sarmiento o no, se lea con ojos de niño o con ojos de adulto. Y en esto el humor, que recorre el libro de principio a fin, juega un papel fundamental, porque puede entenderse en varios niveles, y por eso me me acordé de repente de otro gran dibujo animado: Shrek. Me gusta mucho esa película y si hay algo que recuerdo de cuando la fui a verla al cine es que los adultos nos reíamos tanto como los chicos, y que estos se reían a pesar de no haber visto Misión Imposible, ni Matrix ni entender que todos los cuentos de hadas juntos estaban siendo parodiados. Léame, como Shrek, utiliza la parodia como forma de cuestionar lo conocido, tornando lo “serio” en algo cómico plausible de ser mirado con otros ojos, ojos de niño, de viajeros llegando por primera vez a una tierra extranjera o, lo que es mejor, con ojos renovados que vuelven a mirar nuestra propia ciudad (nuestras propias lecturas conocidas) como turistas.
Nicolás Di Candia crea una aventura e invita al lector a adentrarse en ella. La recompensa para el que se atreve es mirar con otros ojos, volver a ser niños por un rato. Vos, ¿te animás?