Editoriales no convencionales
Libros hechos a mano que tienen un incomparable sabor artesanal
Por Daniela Yaccar Para Tiempo Argentino
Una de las formas de que dispone el libro
con soporte papel para competir con el e-book es volverse un objeto,
una pequeña obra de arte. Emprendimientos editoriales que les ponen un
sello muy personal a las palabras escritas.
Tal vez sea uno de los libros más extraños
del mundo, el que el año pasado publicó Ediciones Siempre de Viaje: era
una inmensa sábana color lino con poemas escritos a mano, doblada como
un pergamino. Ese amor por la rareza, la intención de revalorizar el
libro en tanto que objeto (con su aura, su textura, su aroma) y el
objetivo de difundir las producciones de escritores y poetas a los que
se les dificulta hacerlo por otra vía están en la esencia de las
editoriales artesanales, que se han multiplicado en los últimos años.
Tocadesata, Ediciones Siempre de Viaje y Editorial 13 X 13 son algunos
de los últimos ejemplos de un fenómeno que comenzó a germinar a mediados
de los noventa, como consecuencia de la crisis de las editoriales
nacionales, y que tiene exponentes bien conocidos –y tan disímiles– como
Eloísa Cartonera o Clase Turista.
La lista sigue: Colección Chapita,
Funesiana y Mancha de Aceite son nombres de algunas de las tantas
iniciativas que se dedican a la fabricación de libros con la mano. Quien
apunta la hipótesis de que “las editoriales artesanales van en aumento”
es Karina Macció, escritora, docente y directora editorial de Ediciones
Siempre de Viaje y Viajera Editorial, que antes pasó por un sinfín de
proyectos de estas características. Evidentemente, ni el e-book ni la
descarga de obras literarias por Internet han destronado al libro.
“Desde lo artístico siempre hay una valoración de lo retro, de lo que se
está perdiendo”, continúa Macció, que trabaja junto a Virginia Janza y
Cecilia Maugeri. Desde esta mirada, el libro artesanal sería algo así
como el vinilo del mundillo literario, con tiradas que no suelen
sobrepasar los 200 ejemplares.
La propuesta que comanda Macció es
más que una editorial de poesía y narrativa. Primero, en 2005, surgieron
los talleres literarios que la tienen como docente, bajo el nombre de
Siempre de Viaje, literatura en progreso. Luego, en 2008, aparecieron
Viajera Editorial y Ediciones Siempre de Viaje, con el objeto de “dar
difusión a autores que recién se inician”. Pese a que en un principio
publicaban sobre todo alumnos de los talleres, luego el juego se abrió
para autores sin vinculación con ellos. Siempre, la salida a la calle
del libro se complementa con eventos literarios para darle un empujón.
“Generalmente el autor está con mucho miedo de cerrar un conjunto de
textos y mostrarlo”, subraya Macció. “La idea es armar un grupo,
movernos, sostener la lectura del objeto. Que el autor se sienta
acompañado.”
Aun con una tirada de 100 ejemplares por colección,
Viajera Editorial –ya con once títulos en su haber– es la cara más
tradicional de la propuesta del trío femenino. “El producto no se ve
artesanal, sino profesional, porque hay formatos y colecciones
establecidos”, define Macció. En cambio, los libros que se editan a
través de la Colección Valijita de Ediciones Siempre de Viaje suelen ser
rarezas y no van a parar a las librerías: necesitan de un encuentro
“cara a cara” entre autor y lector. “Se trata de trabajar con el autor
en un libro que imagina. Propone todo: diseño, formato y tipografía”,
explica Macció. Libros guirnalda, mini-libros con papel reciclado y
hasta sábanas: cualquier pedido es válido si se ajusta al contenido.
Como mínimo, se fabrican 50 libros; como máximo, 200 (porque, dice
Macció: “¡La confección puede ser agotadora!”). Acerca del libro como
objeto artístico, la coordinadora de Siempre de Viaje apunta que implica
“pensarlo como un todo, con un adentro no disociado de lo que está
afuera”, en contraposición a la despersonalización de las propuestas
comerciales.