claridad frente a la cara de la madre
blandura bajo las ropas sueltas
de la niña
de los órganos crujientes
yo no tengo eso
yo no siento
ningún deseo
de abrir mi boca
![]() |
Las rosas sangrantes, Salvador Dalí. |
dice arrinconada
en posición
y hasta la forma de decir
de nena
pero no
ella a veces no es nena
porque la angustia en la carne
no estuvo siempre
su infancia había sido
un poco más fresca y hoy
¿dónde están
esos pies
cruzados pero inquietos
corriendo de acá para allá
tropezándose
para volver a correr?
nunca para de buscar
no lo dice y no lo aparenta
me parece una insaciable
silenciosa
una incurable con la cabeza inconforme
adentro ruidos extraños
cuando papá y mamá duermen
nadie puede escuchar
ni siquiera entrever, aunque haya ojos atentos
que su cabeza está
demasiado repleta
para un cuerpo tan virgen
la pregunta cacarea
–como la gallina o el gallo–
por animal
por constante
por despertarme
aunque siga durmiendo
y esté más allá del pensamiento
hay algo que se mueve
todo el tiempo
–como un reloj–
–como una pregunta que late–
–como un corazón–
¿es éste es acá es hoy
o quién está acaso
en el lenguaje de mi cuerpo
que me habla y no entiendo
sus palabras tan difíciles?
Belara Michán, cuerpoadentro.
Viajera, 2011.
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